lunes, 23 de abril de 2012

la curuya o curulla...

La curuya es un término que utilizabámos en mis tiempos de radioaficionada, el mismo se referia a todas las personas que estaban detrás del radio pero que no participaban de la comunicación. Formar parte de la curulla es algo casi común entre las personas, nos dedicamos a observar, somos espectadores, muchas veces, incluso, de todo lo que nos rodea.
Los que intentamos comunicar ideas, información, imágenes, o lo que venga, sentimos la mayoría de las veces, la necesidad imperiosa de sabernos oídos, leídos, etc. Es como la confirmación de estar vivos y haciendo: la respuesta del otro
La satisfacción de recibir respuesta, de que del otro lado hay alguien, no sólo escuchando (leyendo) si no que desea entrar en el esquema de comunicación respondiendo.
Por este medio esa confimación de existencia son los comentarios y visitas a los Blogs. Nada se compara con la sensación de recibir esos comentarios, aplausos o críticas siempre son bienvenidas ya que la misión esta comple: Alguien nos escucha.

jueves, 19 de abril de 2012

Una de las tantas cartas de Manuela a Bolívar, muy elocuente la sra.

Me pregunto a mí misma, si vale la pena tanto esfuerzo en recuperarlo a usted de las garras de esa pervertida que lo tiene enloquecido últimamente. Dirá usted que son ideas absurdas. He de contarle que sé los pormenores de muy buena fuente, y usted sabe que sólo me fío de la verdad. ¿Le incomoda mi actitud? Pues bien; tengo resuelto desaparecer de este mundo, sin el «permiso de su Señoría», ya que no me llegará a tiempo, debido a sus múltiples ocupaciones…


Manuela Sáenz

viernes, 13 de abril de 2012

tomado de Pájaro a Pájaro de Anne Lamott

" [...] Mis alumnos no quieren escuchar estas cosas. Tampoco quieren que les cuente que hasta que no salió mi cuarto libro no dejé de ser una artista famélica. No quieren escuchar que la mayoría de ellos probablemente no consigan que les publiquen y que menos todavía van a conseguir vivir de ello. Pero sus fantasías sobre lo que significa que te publiquen tienen muy poquito que ver con la realidad. Así que les hablo de Sam, mi hijo de cuatro años que va a un pequeño jardín de infancia cristiano en el que aprendió hace poco la historia de la Acción de Gracias. Un amigo suyo, que también se llama Sam pero que tiene doce años y que está muy concienciado, le pidió a mi Sam que le contara todo lo que sabía sobre esa festividad. De modo que mi Sam le contó su adorable versión preescolar sobre la Acción de Gracias, con los peregrinos y los nativos americanos y montones de estupenda comida y buenos sentimientos. Llegado ese momento, Sam Mayor se volvió hacia mí y dijo, con un cierto deje de amargura: “Apuesto a que todavía no le han contado nada sobre las mantas infectadas de viruela”.

Hoy quizá no repartiéramos esas mantas a los nativos; quizá siguiéramos mostrando nuestro lado bueno. El caso es que mis alumnos, que quieren que les publiquen, todavía no han oído hablar sobre las mantas infectadas de viruela de que te publiquen. Así que esa es una de las cosas que les cuento.

    Pero también les cuento que, a veces, cuando mis amigos escritores están trabajando, se sienten mejor y más vivos de lo que se sienten en ningún otro momento. Y, a veces, cuando están escribiendo bien, sienten que están viviendo de acuerdo con algo. Es como si las palabras adecuadas, las verdaderas palabras, estuviesen ya dentro de ellos y sólo quisieran ayudarlas a salir. Escribir así es un poco como ordeñar una vaca: la leche es rica y deliciosa, y la vaca está igualmente encantada. Quiero que la gente que acude a mis clases también sepa lo que es tener esa sensación.
    Así que les cuento todo lo que he pensado o sobre lo que he estado hablando últimamente y que me haya ayudado a hacer mi trabajo. Hay algunas citas y ejemplos de otros escritores que me han inspirado y que yo hago circular en cada sesión. Hay algunas cosas que me recuerdan mis amistades cuando les llamo aburrida, preocupada, desanimada y tratando de gorronearles un poco de dinero para pagar un taxi hasta el puente. Lo que viene en este libro es lo que he aprendido a lo largo del camino, lo que transmito a cada nuevo grupo de alumnos. Éste no es como los demás libros sobre escritura, algunos de los cuales son fantásticos. Es más personal, más parecido a mis clases. A día de hoy, he aquí prácticamente hasta la última cosa que sé sobre lo que es escribir"