" [...] Mis
alumnos no quieren escuchar estas cosas. Tampoco quieren que les cuente
que hasta que no salió mi cuarto libro no dejé de ser una artista
famélica. No quieren escuchar que la mayoría de ellos probablemente no
consigan que les publiquen y que menos todavía van a conseguir vivir de
ello. Pero sus fantasías sobre lo que significa que te publiquen
tienen muy poquito que ver con la realidad. Así que les hablo de Sam,
mi hijo de cuatro años que va a un pequeño jardín de infancia cristiano
en el que aprendió hace poco la historia de la Acción de Gracias. Un
amigo suyo, que también se llama Sam pero que tiene doce años y que
está muy concienciado, le pidió a mi Sam que le contara todo lo que
sabía sobre esa festividad. De modo que mi Sam le contó su adorable
versión preescolar sobre la Acción de Gracias, con los peregrinos y los
nativos americanos y montones de estupenda comida y buenos
sentimientos. Llegado ese momento, Sam Mayor se volvió hacia mí y dijo,
con un cierto deje de amargura: “Apuesto a que todavía no le han
contado nada sobre las mantas infectadas de viruela”.
Hoy quizá no repartiéramos esas mantas a los nativos; quizá siguiéramos mostrando nuestro lado bueno. El caso es que mis alumnos, que quieren que les publiquen, todavía no han oído hablar sobre las mantas infectadas de viruela de que te publiquen. Así que esa es una de las cosas que les cuento.
Pero también les cuento que, a veces, cuando mis amigos escritores están trabajando, se sienten mejor y más vivos de lo que se sienten en ningún otro momento. Y, a veces, cuando están escribiendo bien, sienten que están viviendo de acuerdo con algo. Es como si las palabras adecuadas, las verdaderas palabras, estuviesen ya dentro de ellos y sólo quisieran ayudarlas a salir. Escribir así es un poco como ordeñar una vaca: la leche es rica y deliciosa, y la vaca está igualmente encantada. Quiero que la gente que acude a mis clases también sepa lo que es tener esa sensación.
Así que les cuento todo lo que he pensado o sobre lo que he estado hablando últimamente y que me haya ayudado a hacer mi trabajo. Hay algunas citas y ejemplos de otros escritores que me han inspirado y que yo hago circular en cada sesión. Hay algunas cosas que me recuerdan mis amistades cuando les llamo aburrida, preocupada, desanimada y tratando de gorronearles un poco de dinero para pagar un taxi hasta el puente. Lo que viene en este libro es lo que he aprendido a lo largo del camino, lo que transmito a cada nuevo grupo de alumnos. Éste no es como los demás libros sobre escritura, algunos de los cuales son fantásticos. Es más personal, más parecido a mis clases. A día de hoy, he aquí prácticamente hasta la última cosa que sé sobre lo que es escribir"
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